El fortalecimiento del Partido y del espíritu revolucionario


Extraído de Obras Escogidas, Enver Hoxha

Tomo 1 (Noviembre de 1941-Octubre de 1948)

Editorial 8 Nëntori

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CIRCULAR DIRIGIDA A LAS ORGANIZACIONES

DEL PARTIDO DE LA REGION DE TIRANA SOBRE

EL FORTALECIMIENTO DEL PARTIDO Y

DEL ESPIRITU REVOLUCIONARIO

[Noviembre de 1942]

Queridos camaradas:

En momentos tan graves, en los que nuestro Partido está guiando a nuestro pueblo en la guerra más salvaje que haya visto la humanidad, en una lucha de vida o muerte, en estos momentos en que el mundo entero se ha levantado en pie para abatir la bestia feroz, el fascis­mo, que ensangrienta e intenta subyugar a los pueblos, notamos con inquietud que algunos camaradas rehuyen la tarea que les ha sido encomendada, olvidando su deber pleno de responsabilidad ante nuestro Partido y nuestro pueblo. Estos camaradas creen que la lucha actual podrá llevarse a buen término dedicando al trabajo partidario una o dos horas a la semana; dichos camaradas se ima­ginan que han cumplido con su misión y han merecido el alto nombre de miembro del Partido con reunirse una vez por semana, o cada dos semanas, en una célula, pa­sando en cambio todo el resto de su tiempo con los brazos cruzados y actuando como espectadores frente a los acon­tecimientos que se precipitan vertiginosamente, man­teniéndose, de ésta manera, a la zaga del movimiento.

En nuestra organización de Tirana1 no se ve en todos los camaradas ese ímpetu revolucionario que debe inspi­rarlos; por el contrario, algunos de ellos han caído en la indolencia, en el espíritu pequeñoburgués y hasta en un total desinterés por el trabajo que se les ha asignado, trabajo que cada militante comunista, que ama con todo el alma el Partido y está presto a dar su vida por él, debe cumplir a plena conciencia, con la abnegación y la disciplina consciente que caracteriza a los verdaderos comunistas. Los informes de las células demuestran claramente ese desgano en el trabajo. En general estos informes reflejan más la negligencia de los camaradas en el trabajo que falta de conocimientos. En las reuniones de las células, que deben ser reuniones en las que sean debatidos todos los problemas de nuestro país, en las que sean definidos los modos de trabajar y de luchar, en las que se asigne a los camaradas tareas que deben ser ejecu­tadas con precisión matemática, en las que se estudien los métodos de trabajo y de organización de los grupos edu­cativos, de las charlas a los simpatizantes y a las amplias masas populares, en tales reuniones, en la mayoría de las veces, se discute de cosas sin importancia, baladíes y carentes de espíritu revolucionario. En estas reuniones domina la tendencia a hacer las cosas “para cubrir el expediente”, a “desembarazarse de lo engorroso de esa reunión” y a “hacer el informe al comité”, sin pensar en absoluto que la célula es la escuela del Partido, que la célula es el alma, la vida del Partido, lo que presupone y garantiza la victoria, sin pensar que en la célula late el pulso del Partido y se prepara el triunfo de la sagrada causa por la que han caído, caen y caerán millones de camaradas.

Vivimos en tiempos críticos, en los que las masas están en constante movimiento y en la mayoría de los casos son favorables al desarrollo de nuestra actividad. Sin embargo, los camaradas no se dan la molestia de aprovechar las ocasiones favorables. Las masas popu­lares están siendo descuidadas a causa de inoportunos y ridículos pretextos, indignos de los miembros de un par­tido comunista del tipo Lenin-Stalin, pretextos como: “no tengo tiempo”, “debo ir a la oficina”, “tengo mi negocio”, “tengo la familia que me espera”, y otros de este género.

Hay camaradas que no se interesan por los grupos de simpatizantes, que tampoco se interesan en formar nuevos cuadros, sino que se limitan a informar en la cé­lula: “tengo un grupo de tres personas”, “yo tengo otro de cuatro”. A menudo estos grupos de simpatizantes no han participado jamás en una reunión, ni se ha hecho cosa alguna para educarlos, para desarrollarlos, para ele­varlos. Estos grupos son solamente masas de simpati­zantes impacientes por trabajar y luchar, pero desgra­ciadamente desatendidos, y los camaradas intentan dis­culparse aduciendo el pretexto de siempre: “no tenemos un lugar donde reunimos”.

Está del todo descuidada la cuestión militar, como si viviésemos en el período del comunismo y en el período de la desaparición de la sociedad dividida en clases y no en el período de la más salvaje guerra. Ninguno se preo­cupa de formar núcleos de guerrilla urbana, ni de reclutar voluntarios y guerrilleros, ni tan siquiera se habla de esto. También la juventud ha sido abandonada y los camaradas consideran superfluo ocuparse de ella, ya que, dicen, existe la organización de la juventud para hacerlo. “Que la organización de la juventud se rompa la cabeza con los jóvenes”, dicen algunos camaradas, “nosotros tenemos otras cosas que hacer”. De los grupos educa­tivos, que la Juventud les ha confiado para su educación, los camaradas, por lo común, no sólo no se interesan, ni los reúnen, sino que llegan hasta a despreciarlos, opo­niendo al deseo de los jóvenes la propia condición de miembros del Partido y diciendo: “no tenemos tiempo, porque tenemos otras cosas que hacer”. Ha sido consta­tado que semejantes elementos, que llevan el nombre de miembro del Partido, son justamente aquellos que no sólo no trabajan, sino que sabotean las iniciativas de los camaradas y las directivas del Partido.

El trabajo con las mujeres se encuentra asimismo en un estado deplorable. Los camaradas plantean que con las mujeres deben trabajar únicamente las mujeres, al igual que con los jóvenes sólo la Juventud, y frecuente­mente de los camaradas nos llegan parecidos informes: “tengo tres mujeres simpatizantes”, “tengo dos mujeres”, “tengo cinco muchachas”, “que se ocupe de ellas una camarada” ¿Por qué se actúa de esta manera? Por una sencilla razón: quieren quitárselas de encima, no quieren tener problemas, quieren estar libres para irse a la oficina o al negocio y disfrutar de la vida, sin preocupación al­guna; ésta es la sencilla razón, tan sencilla como lo es la directriz del Partido de cómo hacer trabajo con las mu­jeres.

En lo que concierne a los medios de impresión y a las publicaciones del Partido, todos los camaradas solicitan, exigen, critican: “¿Dónde está el periódico? ¿Por qué no se publica el periódico? ¿Por qué no se publica la revista?

¡No nos bastan los comunicados de guerra, queremos libros! Pero no hay ninguno que piense, que reflexione y que diga: “Estos periódicos, revistas y libros, que nosotros exigimos con tanta energía, con tantos reproches, ¿de dónde caen? ¿del cielo? ¿o los hacen los camaradas? Todos exigen, pero ninguno se interesa en conseguir estos modes­tos materiales para imprimir que constituyen una de las principales armas de nuestra lucha, ninguno se preocupa de encontrar un lugar donde se puedan imprimir esos materiales, no obstante las orientaciones que continua­mente el Comité Central da a propósito de este trabajo tan importante. Y no sólo ocurre que no se interesan en ayudar en este sentido, sino que hay compañeros que no permiten que en sus casas se guarden los comunicados ni tan siquiera por media hora, hasta que llegue algún camarada a retirarlos para distribuirlos en la organiza­ción. Como puede verse, esto es sólo un pequeño sacri­ficio para el que se dice miembro del Partido, pero, des­graciadamente, en nuestra organización hay miembros que no hacen ni tan siquiera eso.

En cuanto al trabajo clandestino no existe casi, e incluso peor, se actúa como si nuestra organización fuese legal. De todo, de toda acción, de todo movimiento se enteran hasta las piedras de la calle, la falta de clandes­tinidad llega hasta una inconsciente provocación. Si a al­guno se le confía una tarea, éste irá a contarlo a otro, pues de otra manera no puede conciliar el sueño; si se le indica el lugar donde está alojado un camarada que actúa en la clandestinidad, él correrá a informar a otro, si no pierde el apetito; si se discute alguna cosa en el seno de la célula, se enterará toda la organización; si se realiza alguna acción, todos terminarán por saber los nombres de aquellos que fueron los autores, y cuando se sufre un revés, cuando los camaradas son asesinados, cuando son detenidos, cuando el enemigo descubre nuestra imprenta, todos desorbitan los ojos diciendo: “¿Cómo es posible? ¿Dónde está el delator?” Camaradas, somos nosotros los delatores inconscientes, son nuestras murmuraciones entre amigos, es la falta de clandestinidad la causa de la catás­trofe.

En general los camaradas, para eludir toda res­ponsabilidad, para ahorrarse problemas, encuentran cómo­do razonar como sigue: “De esto, se encarga el comité re­gional”, “lo hace el regional”, “el lugar para la imprenta lo encuentra el regional”, “el trabajo entre los jóvenes lo realiza el regional”, “la labor entre las mujeres lo de­sarrolla el regional”, “el trabajo para garantizar la se­guridad lo resolverá el regional”, “el comunicado de guerra lo publica el regional”, “los libros los traduce el regional”, “los manejos del enemigo los desenmascara el regional”, y, al final, “¡la culpa es del regional!”

Los camaradas del regional son camaradas como uste­des y actúan en condiciones de clandestinidad mucho más difíciles que las de ustedes; los camaradas del regional pueden cometer errores, pero aquellos camaradas que razonan del modo arriba mencionado cometen un grave error al no trabajar. ¿Qué cosa puede hacer el regional, cuando la célula le interpela sobre cosas como ésta: “He­mos encontrado alcohol a 6 leks el kilogramo, ¿es caro o es barato?” Los camaradas que hacen esta pregunta no pueden ir a informarse si es caro o barato, pero sí, ¡debe hacerlo el regional! ¿Qué puede hacer el regional?, cuando la actividad de una célula compuesta de 6 cama- radas, en el espacio de dos semanas, se resume en el si­guiente informe, que damos como modelo de total inac­tividad: “Proponemos que en ocasión del 7 de Noviembre (el informe ha llegado el 10 de noviembre) sean recogidos paquetes de regalo para los guerrilleros”. “El capitán F.A. (absolutamente desconocido en el Comité) se va a tal localidad”.

“Les comunicamos el nombre de una persona que ha dicho: ‘Tres camaradas han tomado parte en el Consejo de Liberación Nacional’.”

Queridos camaradas:

Este modo de trabajar debe cesar lo más pronto posi­ble, esta negligencia debe desaparecer para siempre de nuestro trabajo. No podemos tolerar de ningún modo que en el seno de nuestro Partido se encuentren semejantes elementos, que consideran el Partido de Lenin-Stalin como una colmena de la Segunda Internacional, se lo imaginan un refugium peccatorum, un lugar donde se arrastran los indolentes, los flojos, los impostores, los arribistas, los elementos de espíritu pequeñoburgués, medrosos y des­provistos de espíritu de sacrificio, los elementos que creen que nuestro Partido es una república de camaradas, donde puede haber de todo menos de disciplina y trabajo clan­destino. No los hemos tolerado y no los toleraremos; las decisiones del Partido los golpearán de manera inexorable.

Nos dirigimos a ustedes, queridos camaradas, camaradas que aman al Partido con toda el alma, camaradas que están prestos en cada instante a inmolar la vida por nuestra sagrada causa, nos dirigimos a ustedes que día y noche se preocupan y luchan por el triunfo de nuestras armas, y les recomendamos conservar siempre en la mente y en el corazón las palabras del gran camarada Stalin, nuestro genial dirigente: “Defendamos la unidad de nuestro Partido como las niñas de los ojos”*. Salvaguarde­mos el Partido y hagámoslo fuerte, hagámoslo digno de nuestra Tercera Internacional, que sea digno de guiar a nuestro sufrido pueblo; está en nuestras manos alcanzar esta meta. Está en ellas que el trabajo sea enteramente cumplido, que la organización sea férrea, que nuestro Partido Comunista sea tal como dice Stalin: “vanguardia de la clase obrera, que debe reunir en su seno a los me­jores elementos, hacer suya la experiencia de ellos, su es­píritu revolucionario y su perenne fidelidad a la causa del proletariado”**.

Camaradas del Partido resueltos: En estos momentos tan críticos, toda desidia en el trabajo, todo descuido, es una puñalada en el corazón del Partido; toda negligencia, toda violación de la disciplina es una bala en el corazón del Partido, es una puñalada y una bala en el propio cora­zón de ustedes, porque ustedes son el Partido.

Camaradas del Partido resueltos: Stalin nos enseña: “El Partido no es solamente la vanguardia de la clase obrera. Si el Partido desea verdaderamente dirigir a la clase obrera, tiene que ser asimismo un destacamento or­ganizado. En el régimen capitalista al Partido incumben tareas de importancia muy grande y variada, debe dirigir al proletariado en la lucha superando obstáculos de todo tipo, guiarlo a la ofensiva cuando la situación lo requiere, defenderlo, a través del repliegue, de los golpes del ad­versario cuando corre riesgo de ser aplastado por este último, infundir en las masas de obreros sin partido el espíritu de la disciplina, del método, de la organización, de la resistencia a cualquier precio en la lucha. Pero el Partido no puede realizar estas tareas si él mismo no es la personificación de la disciplina y de la organización, si él mismo no es el destacamento organizado del proletaria­do. De otra manera no puede dirigir a las masas prole­tarias. El Partido es el destacamento organizado de la clase obrera”***.

No podemos, ni por un instante, dejar que nuestro tra­bajo sea desorganizado, no podemos permitir que el tra­bajo en la célula sea abandonado, no podemos descuidar a los grupos de simpatizantes2 y no reunirlos regular­mente, no educarlos, ni elevarlos, no podemos ignorar las directrices y descuidar el trabajo en cualquier sector que sea.

Camaradas del Partido resueltos: No es posible, ni por un solo instante más, tolerar que las masas populares queden aisladas, no podemos dejar de reunir a las masas, a los obreros, a los campesinos, no es posible tolerar que suceda como aquel día en que el enemigo nos ahorcó al camarada Shyqyri Ishmi y se dejó que los espías y las milicias explicaran a las masas campesinas que el ahor­cado era “un comunista infame, un delincuente enemigo de la familia y de la religión” y otras perfidias semejantes.

Camaradas del Partido resueltos: ¡Cuidad el material del Partido, leedlo y difundidlo! Nuestros periódicos y nuestros folletos, los comunicados y las octavillas del Partido deben llegar a la más apartada choza, que la voz de la justicia y el grito de guerra lleguen a todos los oídos y toquen a todos los corazones.

Camaradas del Partido resueltos, camaradas que están dispuestos en cada momento a derramar la sangre como verdaderos soldados de Stalin, cierren las filas, defiendan al Partido y a los camaradas, estén vigilantes y sean des­piadados con el enemigo y los traidores, cuiden al máximo el trabajo clandestino porque nuestro trabajo y nuestra lucha no constituyen un terreno de charlatanerías y jac­tancias, sino una tremenda batalla contra un feroz ene­migo; ninguna piedad para los provocadores, los indo­lentes, los cobardes, los arribistas y otros elementos opor­tunistas que buscan de mil maneras provocar disturbios y obstaculizar el trabajo interno del Partido.

Queridos camaradas: El Partido tiene confianza en ustedes, porque en esto está su fuerza, tiene confianza y está seguro que se empeñarán en el trabajo con celo, dis­ciplina y abnegación, y que así nuestro Partido podrá guiar con seguridad a nuestro pueblo hacia la victoria de­finitiva.

Saludos camaraderiles

Por el Comité Regional de Tirana

Malo3

Obras, t.I

* J.V. Stalin, Obras, t. VI, pág. 48, ed. albanesa.

**  J.V. Stalin, Obras, t. VI, pág. 174, ed. albanesa.

*** Idem, págs. 177-188.

1 Desde la fundación del Partido hasta comienzos de 1943, el camarada Enver Hoxha, a la par de la función de dirigente del Comité Central Provisional del PCA, ejercía asimismo la de secre­tario político del Comité Regional de Tirana del PCA.

2 Así se llamaban los grupos de personas que estaban más pró­ximos al Partido y que tenían más probabilidades de hacerse miem­bros. Más tarde fueron llamados grupos de candidatos a miem­bros del Partido.

3 Uno de los seudónimos del camarada Enver Hoxha en el curso de la Lucha de Liberación Nacional.


Extraído de Obras Escogidas, Enver Hoxha

Tomo 1 (Noviembre de 1941-Octubre de 1948)

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