La lucha por la emancipación de la mujer es parte componente de la lucha del Partido

Entrenamiento militar de las mujeres albanesas después del trabajo


Extraído de La mujer en Albania. gran fuerza de la revolución

Editorial 8 Nëntori

Tirana, 1978

Digitalizado por Referencia Comunista


LA LUCHA POR LA COMPLETA EMANCIPACION DE LA MUJER ES PARTE COMPONENTE DE LA LUCHA GENERAL DEL PARTIDO POR LA REDUCCION GRADUAL DE LAS DIFERENCIAS EXISTENTES, DE LA LUCHA POR LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO Y DEL COMUNISMO

La característica general del quinquenio pasa­do ha sido el rápido desarrollo en todos los terre­nos de la edificación socialista. Pero la lucha por la total emancipación de la mujer entre nosotros, se ha desarrollado con ritmos aún más rápidos. Nuestro Partido, trabajando por obtener ulteriores resultados en la revolución que se procesa en la vida de la mujer albanesa, no solamente ha com­binado de manera justa la destrucción de todo lo que es viejo y reaccionario con la limpieza del terre­no de todos los escombros existentes, sino que también ha dedicado particular atención al temple de la mujer nueva de la sociedad socialista, proceso que con­tinuará y se profundizará aún más en el futuro.

La participación de la mujer en el trabajo pro­ductivo social, factor importante para su liberación económica, política e ideológica es ya considerado entre nosotros como un problema enteramente re­suelto: más del 46 por ciento de los trabajadores son mujeres. Esta gran victoria obtenida en las condiciones de la dictadura del proletariado, les ha abierto amplios caminos de acceso a muchos otros derechos, que aseguran en todas partes nuevas rela­ciones de igualdad, reducen cada vez más las di­ferencias en todos los terrenos de la vida y parti­cularmente las existentes en la correlación hombre- mujer.

El Quinto Plan Quinquenal se ha distinguido por un incremento cualitativo de las fuerzas de la mujer y ha descubierto sus nuevos talentos. Como resultado de ello, vemos dominar por todas par­tes la idea del Partido: a la mujer se le confían a diario cargos de lo más importantes. Actualmente en Albania ya no se habla de algunas mujeres, sino de toda una masa de mujeres capaces y eman­cipadas, elevadas y educadas en la época del Par­tido, que militan en todas partes igual que los hombres. En las últimas elecciones celebradas en el seno del Partido, encontramos que el 33 por ciento de los elegidos a todas las instancias en la base y los distritos, son mujeres. Las mujeres cons­tituyen el 33,2 por ciento de los diputados a la Asamblea Popular y el 30,8 por ciento de los miem­bros del Tribunal Supremo. En la actualidad con­tamos con una mujer con años de servicio e instrui­da, que hace ampliamente uso de sus derechos políticos y económicos y que expresa su palabra en todas partes. Es un índice verdaderamente exaltante el hecho de que, la mayor parte de las 540 briga­das de vanguardia que obtuvieron de 40 a 60 quin­tales de trigo por héctarea, estén dirigidas por mu­jeres.

En nuestro país se ha dado un gran paso ade­lante en el tratamiento de la mujer como igual que el hombre en todos los terrenos de la vida, lo que ha sido reflejado de manera brillante en el in­forme del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania. En el curso del Quinto Plan Quinque­nal, 23 813 mujeres adultas y jóvenes han terminado las escuelas de ocho años, secundarias y superiores del sistema para trabajadores, mientras que en la ac­tualidad las cursan unas 40 000. Ahora, en muchas aldeas, particularmente en las de montaña, y en un gran número de centros de trabajo, el nivel de instrucción de las mujeres es incluso superior al de los hombres, mientras que en un buen número de empresas económicas dotadas de elevada tecnología de producción, la mayor parte de las mujeres poseen una instrucción secundaria. En el año lectivo 1975- 1976, sólo en el campo, las escuelas secundarias fue­ron seguidas por 7 000 mujeres, mientras que en el año escolar actual se han matriculado 17 000 mujeres cooperativistas. Pero, los comunistas, al considerar este problema en su dinamismo, no pueden olvi­dar en ningún momento las diferencias y el desni­vel que aún existen en la vida y el trabajo de la mujer en correlación con las posibilidades creadas por nuestro Poder popular y la brillante perspecti­va hacia la cual avanzamos.

La profunda y amplia revolución que se ha realizado en la vida de la mujer albanesa, es obra del Partido con el camarada Enver Hoxha a la cabeza, que ha dado una extensión muy grande al cuadro de los problemas de la mujer, conforme a la práctica de nuestro país y los ha tratado par­tiendo de posiciones proletarias de clase.

Ninguna importante acción política, ideológica y económica, partiendo de los primeros disparos por la liberación, no se ha realizado sin la participa­ción de la mujer. En todos los procesos de la lucha de clases, en la lucha gigantesca por la edificación del socialismo, por la defensa del marxismo-leninismo, por oponerse con éxito al cerco imperialista- revisionista y exterminar los grupos enemigos, la mujer siempre ha sido una gran fuerza activa y revolucionaria. El enemigo de clase no ha vacilado en recurrir incluso al terror en sus esfuerzos por aplastar el nuevo factor, el factor mujer, que se venía a sumar a la fuerza edificadora, creadora y defensiva del pueblo. Esta actividad hostil fue se­guida por la palabra venenosa del cura, por los chismes del kulak, de la vieja burguesía, de los conservadores miopes y de los elementos que en nuestras filas degeneran. Pero, toda esta actividad hostil, que no era sino una continuación del veneno que vertían los enemigos de antaño, los fascistas y los elementos del Balli Kombëtar (organización colaboracionista de los ocupantes fascistas. – Nota de la Red.) ha conocido el mismo fin.

En unidad total con el proceso de desarrollo de la revolución socialista, la nueva Albania está lle­vando a cabo y perfecciona cada vez más la obra grandiosa de la emancipación de la mujer, obra de importancia colosal tanto para la mujer como para los destinos de la revolución.

El marxismo-leninismo nos enseña y nuestra experiencia nos muestra que la edificación socialista avanza a través de una dura lucha de clases. Es un hecho conocido que en el socialismo continúan existiendo desniveles y diferencias en muchos te­rrenos de la vida, y que han sido heredados del pasado, tales como las diferencias entre el campo y la ciudad, entre el trabajo manual y el intelec­tual, entre el trabajo cualificado y no cualificado, en el nivel de instrucción, de cultura, etc. El ene­migo de clase, tanto el del interior como el del exterior, emplean y aprovechan también estas di­ferencias y fenómenos, los cuales el socialismo pue­de limitar, pero no evitarlos enteramente. Tam­bién los remanentes de las ideologías feudo-burgue­sas y la infiltración de otras ideologías hostiles, corrompen la conciencia de las personas, crean di­ferencias en la actitud con respecto al trabajo, a la propiedad, la instrucción, la cultura y, por con­siguiente, de una u otra manera obstaculizan la edificación de la sociedad socialista. La diferencia que aún existe entre el hombre y la mujer consti­tuye un otro obstáculo para los ritmos de desarrollo de nuestra sociedad, y es por ello que luchamos por reducirla aquella cada vez más, mientras que el enemigo de clase busca conservarla y profundizar­la. La eliminación de todas las diferencias de clase, que son el producto de las relaciones de producción capitalistas, así como de todas las ideas que de ellas se derivan, fue considerada por Marx como una de las tareas más importantes que el socialismo revolucionario debe proclamar. Esta tarea está sien­do realizada gradualmente y con éxito por nuestra sociedad socialista. Hablando de las tareas que arro­ja la lucha por la completa emancipación de la mujer, el camarada Enver Hoxha nos recomienda: «De la misma manera que luchamos por suprimir las diferencias económicas entre la ciudad y el cam­po, también lucharemos por eliminar la desigualdad que existe entre el hombre y la mujer, en sus relaciones, por asegurar una igualdad completa entre ellos, y esto no solamente en la ley, sino también en la práctica…». La lucha por la completa emancipación de la mujer es parte constitutiva de la lucha general del Partido por la reducción gra­dual de las diferencias existentes, de la lucha por la edificación del socialismo y del comunismo.

La emancipación de las mujeres y de todos los trabajadores ha abierto el camino a las relaciones y a las normas socialistas en el seno de la familia, que ya son defendidas por una opinión sana que se ha creado en todas partes; ha reforzado nuestra familia, ha elevado el lugar y el papel de la mu­jer en su seno. Nuestra mujer nueva, que milita en todas partes igual que el hombre, no solamente cumple debidamente su noble papel de madre en la familia, sino también expresa con audacia su pa­labra en todos los problemas. Ella lleva en el seno de la familia el espíritu de colectividad y muchas veces es iniciadora de nobles actitudes revolucio­narias. Esto lo confirma una infinidad de ejemplos. La consolidación ulterior de las normas y el per­feccionamiento de las relaciones socialistas en el seno de la familia revisten particular importancia para la completa emancipación de la mujer, porque la familia conserva todavía un mayor número de super­vivencias y costumbres viejas, cultiva en mayor medi­da el sentimiento de la desigualdad entre la hija y el hijo: en ciertos casos estimula la tendencia al bene­ficio personal, a la comodidad y la tranquilidad; cultiva el ego y la gloria personal y, algunas veces se convierte en obstáculo para el desbordamiento del ímpetu revolucionario de los jóvenes, particu­larmente de las jóvenes. Es una exigencia de nues­tro desarrollo socialista hacer de la familia un ver­dadero hogar de revolucionarios.

El problema de la mujer ha salido actualmente con toda su fuerza en el. mundo entero. Pero la verdadera esencia del problema es desnaturalizado por la burguesía capitalista-revisionista, la cual se esfuerza en imponer a las masas la ideología reac­cionaria según la cual la mujer es un ser «inferior», «débil», «delicado», que necesita de «compasión», de «filantropía», «que su lugar está en el hogar», etc.

Los revisionistas jruschovistas especulan sobre los sentimientos de las mujeres, exigiendo que aplaudan a sus demagógicos slogans sobre la «paz», la «distensión», el «desarme», etc., como si no fue­ran ellos mismos quienes preparan nuevas guerras y agresiones, nuevos sufrimientos y terrores. Los revisionistas jruschovistas se hacen pasar por filán­tropos y humanitarios con respecto a las mujeres, proponiéndoles que regresen a sus hogares, que trabajen con horas reducidas, por consiguiente tam­bién con una remuneración parcial. Los revisionis­tas de Europa Occidental, frente a la grave crisis que atenaza al mundo capitalista y que ha llevado al despido de millones de hombres y mujeres, en la actualidad también por el problema de la mu­jer, se presentan en mayor escala en el papel de celosos defensores de los intereses de la burguesía. Estimulan a las mujeres a trabajar en su casa por cuenta de los capitalistas, a ocuparse por tanto de un trabajo prolongado, sin horario, y mal re­munerado, que explota no solamente el trabajo de la mujer, sino también el de todos los otros miem­bros de la familia, particularmente los niños.

Los teóricos burgueses y revisionistas, a fin de encubrir la verdadera esencia de la opresión y de la explotación capitalistas, se levantan también con­tra las relaciones más humanas, atribuyendo la culpa a los hombres y a los niños por la penosa situación de la mujer que existe entre ellos. Igno­ran intencionadamente los verdaderos problemas que inquietan a la mujer y colocan en primer pla­no los problemas del divorcio, del aborto, etc. To­dos estos esfuerzos tienen por objeto desviar a la mujer del verdadero camino revolucionario, privar a la clase obrera de su aliado natural, impedir que en la corriente impetuosa de la revolución se en­cauce esta energía y fuerza colosales que emanan de la participación de la mujer en la lucha. Por consiguiente, también en el problema de la mujer se manifiestan claramente dos realidades: de un lado, la capitalista y revisionista que coloca este problema en un atolladero y, del otro, la realidad socialista, la realidad albanesa que enlaza el pro­blema de la mujer con el problema de la clase obre­ra, con el desarrollo de la revolución en cada eta­pa. También en este sentido, como en cada gran problema del momento, el Partido del Trabajo de Albania anuncia una idea nueva, que surge de nuestra realidad.


Extraído de La mujer en Albania. gran fuerza de la revolución

Editorial 8 Nëntori

Tirana, 1978

Digitalizado por Referencia Comunista


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